La fotografía que presento en esta publicación me ha marcado profundamente para siempre. En ella vi la muerte en toda su brutal presencia antes de que ocurriera. Omaira estaba viva cuando el fotógrafo la capto y al hacerlo también capturo el desenlace de su existencia. El peor desenlace, la muerte, el fin de su vida también estaba siendo fotografiado. Cuando la vi en la prensa me quedé helado, en ella veía un mal final que aún no ocurría. Hice mentalmente un pronóstico fatal de lo que veía. Sus ojos ya sin vida me dejaron paralizado. Una fotografía tiene el poder de detener en un instante el reloj, pero la realidad no se detiene y sigue sin hacer caso de nada ni de nadie. El tema es como en esta imagen se capturo ese desenlace, está ahí, capturado en la foto, lo vi con una claridad que me estremeció, yo sabía que no había otro final que la muerte. Hubo tiempo de publicar la foto, también para que un equipo de televisión española captara con sus cámaras todo el evento. Pero no hubo tiempo para Omaira, que murió a la vista de todo el mundo.
Un periodista describe así los hechos.

“ La niña Omaira Sanchez, de 13 años, vecina del pueblo de Armero, en Colombia, murió ayer a las seis de la tarde, después de una larga agonía impresionante que filmaron las cámaras de Televisión Española. (…) Omaira era una chica gorda, enorme, como decía ella misma, y debajo del lodo tenía un sentido del humor envidiable que le permitía sentir la esperanza de salir “triunfante” de su lucha desigual con la tragedia. La ayudaron todos los que tenía a su alrededor, pero estaba atrapada por el cadáver de su tía y por el lodo que había dejado inservible la vida en el pueblo de Armero [a consecuencia del desastre derivado de las explosiones del volcán Nevado del Ruiz]. (…) “ o Juan Cruz